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  • Roberto Granados

Sobre la espera



Toda la vida estamos esperando. Esperamos la muerte y como es una espera agónica y angustiante, llenado la vida de iniciad de actividades para hacer de esa espera (inevitable para todos) algo más llevadero.


Ensayamos la espera en cada oportunidad que se presenta. La espera en la sala del dentista, la espera previo a cualquier cita, la espera para la llegada de las vacaciones, la espera de una respuesta, la espera en la fila del banco. Cada actividad que hacemos trae consigo espera incluida, como un pequeño gran recordatorio de la única espera de la vida: la de la muerte.


Es tal nuestra grandilocuencia que creemos que la muerte es quien nos espera. Ahí viven frases como "necesito otro año para cumplir mi sueño" "en cuanto haga ese viaje ya me puedo morir" "si me voy sin cumplirle a mis hijos seguiré angustiado en la otra vida". Sin embargo, desde que nacemos, somos nosotros quienes esperamos a la muerte.


La angustia por dicha espera es grande, tanto que una vez al año, al menos, celebramos haber sobrevivido otro año. Eso que llamamos cumpleaños, y que llenamos de alegría, pastel, regalos y buenos deseos es sólo una táctica más para maquillar la verdad: llegará el año en que ya no celebraremos más.


Andrea Köhler lo deja muy claro en su ensayo "El Tiempo Regalado". Ahí asegura que toda nuestra vida gira entorno a la espera y la subjetividad del tiempo se vive con mayor intensidad cuando estamos esperando algo (por ejemplo al hacer un pedido de Amazon).

Köhler afirma con sabiduría y contundencia: "En la medida en que tratamos de imponer al tiempo nuestra propia dramaturgia, incluso puede que nos alegremos de haber conseguido cambiar la maldición de la espera por la bendición de hacer una pausa".


Es sólo en la pausa, en el vacío fertil causado por el impasse entre un evento y otro, donde reside la posibilidad de revisar qué estamos haciendo con la vida: cómo pensamos, cómo nos manifestamos. Cómo vivimos. Cómo esperamos. Ir deprisa es vivir a medias, y es cada día más común, pues nos enfrenta con el horror vacui de la espera, traducido como la angustia incesante de estar esperando la muerte desde el primer suspiro, hasta el último.


Nacimos para esperar. Nacimos para morir. Sólo contactando con la muerte, es cómo paradójicamente contactamos con la vida.


#esperar #muerte #prisa



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